Mujeres en tecnología: la oportunidad está más cerca

La brecha entre hombres y mujeres que estudian carreras tecnológicas continúa siendo importante. Con una creciente participación femenina, es en la capacitación donde más cambios se observan. Caminos para el progreso a través del emprendedorismo

En la Argentina se habla desde hace muchos años de la cultura emprendedora y de cómo, seguir por este camino, puede ser la mejor salida para el desarrollo profesional y económico de las personas. Sin embargo, la cosa no es tan color de rosa, especialmente para las mujeres. En la Argentina, apenas el 8,1% de los emprendores son mujeres. Porcentaje que la ubica en el 8° lugar a nivel global y 4° en la región, después de Chile, Colombia y Brasil. ¿Podrá ser la tecnología una manera de sumar a más mujeres a esta cultura?

Los datos corresponden a un estudio de la Global Entrepreneurship Research Association, que realizó un estudio en 49 países. El ránking es liderado por Angola, Chile y Colombia, todos países con economías emergentes. Los países desarrollados cuentan con tasas muy bajas de mujeres empresarias, y una de las explicaciones, de acuerdo al informe, reside en que se trata de economías en donde hay mayor oferta laboral y niveles más altos de competividad entre las empresas.

En economías en pleno desarrollo la situación es similar y, para responder a la pregunta inicial, la tecnología puede ser no solo una herramienta para impulsar a más mujeres a encarar proyectos laborales y de desarrollo personal propios, sino también a reducir la brecha digital. Es decir, se produciría un beneficio con un impacto aún mayor.

Ampliar la participación

“Participar en el mundo digital es una condición básica para ingresar al mercado laboral y mejorar la calidad de vida de las mujeres”, dice uno de los documentos que en 2018 elaboró el W20, el grupo de afinidad de mujeres en el marco del G20 que se realizó en la Argentina. Ese grupo de trabajo no sólo hizo un diagnóstico sobre la situación de desigualdad en que se encuentra la mujer en cuatro áreas - inclusión laboral, inclusión digital, inclusión financiera y desarrollo rural- sino que trazó los primeros ejes sobre los que avanzar para alcanzar la equidad.

Ante esta situación el W20 se trazó como objetivo “mejorar las condiciones de empleabilidad de las mujeres que residen en ámbitos urbanos y rurales promoviendo el desarrollo de las habilidades sociales y técnicas que se requieren en un mundo global y digitalizado”.

A la hora de hacer recomendaciones elaboró un listado que apuntó, por ejemplo, a realizar investigaciones sobre actitudes o estereotipos que afectan la relación de mujeres y niñas con la ciencia y la tecnología, además de recopilar y compartir las mejores prácticas en la promoción y educación del enfoque STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por su sigla en inglés).

Estas propuestas llevan implícito el reconocimiento de prejuicios y barreras culturales que han impedido un mejor acceso de las mujeres al mundo de las tecnologías. Y, por ende, constituyen un obstáculo más para que encare proyectos propios, emprendimientos.
Datos locales dan cuenta de ello.

La participación de mujeres en inscripciones a carreras universitarias relacionadas al sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) representa apenas entre el 13 y el 14% del total en la Argentina, según un estudio de Prince Consulting para Comunidad IT (ComIT).

Pero (y este pero es positivo) cuando se trata de capacitaciones la participación de las mujeres supera con amplitud el 40% hasta llegar, en algunos casos, al 60%.

Según este informe, la educación no formal, es decir, la posibilidad de acceder a distintas capacitaciones y entrenamientos, cursos, certificaciones y demás alternativas de estudio corto, se están convirtiendo en una gran alternativa para aquellas mujeres que quieren insertarse, y de buen modo, en el mercado laboral.

Ya no sólo por la vía de la relación de dependencia, sino a través de la posibilidad de generar emprendimientos o proyectos que les permitan tener autonomía al tiempo que ganan experiencia por otro camino.

Si es por la vía de la relación de dependencia, la demanda de trabajo en el sector TIC y también del más amplio STEM es constante. Y aunque las cifras pueden variar de un caso a otro, la demanda nunca termina siendo satisfecha.

Según este mismo informe, sobre más de 12.000 puestos de trabajo que se requerirán en este año en el ámbito de las nuevas tecnologías, se cubrirán unos 9.000, de modo que la brecha será unos 3.000 puestos vacantes.

Si a esto le sumamos el bajo grado de participación de las mujeres ¿por qué no pensar que accediendo a una capacitación tecnológica se podrá ingresar rápidamente al mercado laboral con un adicional, un buen nivel de ingresos? (al menos en comparación con la media)

Ascenso social

Ya se dijo en este espacio que el ingreso promedio de un desarrollador sin experiencia previa es de algo más de $37.000, según datos del Observatorio de Software y Servicios Informáticos (OPSSI). Pocos trabajos ofrecen un sueldo inicial de esas características.

Al mismo tiempo, encarar proyectos personales, de manera individual o grupal representa otra opción. Especialmente porque hay interés del sector corporativo por formar a más mujeres en habilidades técnicas. Y también del sector público. Un doble juego que generará, sin dudas, impactos positivos en el mediano y largo plazo.

Desarrollar sitios de comercio electrónico y estrategia de redes sociales, generar contenidos, proponer servicios que apunten a satisfacer necesidades cotidianas a través de internet fueron algunos de los aspectos que se identificaron en las conversaciones del W20.

“Distintas organizaciones intentan romper mitos culturales para aumentar la participación de mujeres en las empresas. De la misma manera el sector privado trabaja para incorporar profesionales de sexo femenino con el objetivo de promover mayor diversificación y un ambiente laboral más integrado. Si bien por el momento no alcanzaron resultados importantes, la identificación del problema es un primer paso positivo”, agregó Pablo Listingart, director ejecutivo de la consultora.

La oportunidad existe. Porque hay interés tanto en el ámbito público como en el privado para dar vuelta esta situación. Y porque, para lograr producir un cambio cultural más rápidamente, las personas son las que se tienen que involucrar y animar a dar ese paso.